El autoconcepto


Antes de responder a estar preguntas, es importante hablar del autoconcepto. Muchas veces se confunde este término con la autoestima. Sin embargo, y aunque van unidos de la mano, no son sinónimos. El autoconcepto es la imagen que tenemos de nosotros mismos; la autoestima es la valoración subjetiva que hacemos de esta imagen. Es decir, el autoconcepto es simplemente la imagen y la autoestima es la negatividad o positividad que podamos darle a esta imagen. Por ejemplo, yo puedo ver que tengo unos kilos de más pero, hasta que no lo valoro de forma negativa no está entrando en juego mi autoestima.


Todas las personas tenemos una imagen de nosotros, un autoconcepto, que luego acabamos valorando. Pero, ¿de qué depende esta valoración?


El origen de nuestra autoestima


Tenemos que darnos cuenta de que a menudo esta valoración se basa en supuestos de la sociedad. Una persona puede ser más o menos atractiva físicamente según los cánones de belleza de la sociedad o puede ser más o menos aceptada en cuanto a su personalidad en base a lo que la sociedad considera que es más adaptativo.


Por ejemplo, si la sociedad considera que es mejor estar delgado, acabaremos con el sentimiento de querer estar delgados y, si estamos más gordos, nuestra autoestima puede verse afectada. No obstante, si nos ponemos a pensar, en momentos anteriores de la historia la sociedad veía con mejores ojos a las personas "más rellenitas". Igualmente, la sociedad considera que es mejor ser extrovertido, porque de estar forma te acercas más a los demás. No obstante, en realidad el introvertido es aquella persona que socializa, como cualquier ser humano social, pero que no necesita tanto a la sociedad como un extrovertido. ¿Por qué tendría que ser mejor una cosa que otra? ¿Quién decide todo esto?¿Cómo afecta a nuestra autoestima?


Así mismo, nuestra autoestima no solo se ve afectada por la sociedad, sino también por nuestro entorno individual. Si a lo largo de nuestra vida hemos vivido situaciones en las que nuestro autoconcepto se ha visto valorado negativamente, es muy probable que nosotros lo valoremos de la misma manera. Un ejemplo de esto es haber sufrido bullying en el colegio. Imagínate que de pequeño has sufrido burlas constantes sobre tu físico y tu personalidad. Aunque en ese momento no lo veías de forma negativa, al recibir críticas empezarás a verlo negativo y se irá formando una autoestima baja y negativa. En definitiva, acabarás creyendote que eres tan negativo como otras personas te han pintado. ¿Por qué tendría que valer más la opinión de estas personas que otras?


Las comparaciones


Todo esto nos lleva también a las comparaciones. Cuando valoramos negativamente algo de nosotros estaremos muy atentos a ese algo y veremos el contrario en el resto de personas. "Ojalá tuviera sus ojos", "ojalá estuviera tan delgada como ella", "ojalá tener sus piernas". No obstante, la persona con la que te estás comparando, seguramente tenga sus complejos, que para ti pueden ser virtudes. Por ejemplo, yo puedo tener pecas en la cara y odiar mis pecas porque siempre las he tenido y antes se veían de forma negativa en la sociedad. Incluso puede echarme maquillaje a diario para ocultar estas pecas, porque me he creido que es terrible. Sin embargo, en la actualidad la gente se pinta pecas en la cara. ¡Todo es muy irónico!


¡Ojo con las distorsiones!


El dolor de vernos de forma negativa puede acabar distorsionando nuestra imagen y afectando nuestra vida cotidiana. Un ejemplo de esto son las personas que se ven muy gordas de forma subjetiva, pero objetivamente el resto vemos que están peligrosamente delgadas. Es asombroso como nuestra mente puede traicionarnos así. Esto nos hace pensar que a veces no podemos fiarnos de nuestra propia valoración. Cuando algo nos preocupa lo miramos con lupa, de tal forma que veremos cualquier pequeña variación como algo catastrófico.


Cómo afecta la autoestima


La autoestima es la sombra que nos acompaña. Está presente en todo lo que hacemos, pensamos o sentimos. Es por ello que la autoestima a menudo afecta a nuestras metas de futuro e incluso a nuestro día a día.


La forma en la que nos vemos va a influir en nuestras metas. Así, si la autoestima es baja, pensaremos que no seremos capaces de conseguir metas muy altas y tenderemos a ponernos un tope y a plantear un futuro más "adaptado a nuestra capacidad". Sin embargo, seguramente dejemos de lado las metas que queremos conseguir y que muy probablemente conseguiríamos si la autoestima fuera más alta.


La autoestima también afectará en las relaciones con los demás. Si crees que eres inferior al resto, no interactuarás con los demás de forma natural, sino que pondrás trabas en tu comunicación e incluso evitarás encuentros sociales.


También limitará nuestros intereses, por miedo a ser juzgados o por miedo a no dar la talla y "comprobar" que en realidad somos inferiores. Surgirán miedos que nos llevarán por ejemplo a no poder hablar en público o incluso no poder salir de casa.


Todo ello suele manifestarse en pensamientos negativos y a menudo distorsionados sobre nosotros mismos. Pensamientos que nos creemos sin pruebas reales de que sean ciertos.


"No eres capaz", "no eres suficiente", "no vales", "eres inferior", "no eres digno", "no podrás hacerlo", "jamás encontrarás a nadie con lo feo que eres", "los demás me juzgarán", "se van a reír de mí", son algunos de los pensamientos más comunes.


Cabe decir que la autoestima baja puede llevarnos a otros problemas de tipo psicológico: una depresión, ansiedad, problemas en la alimentación o en la comunicación con la gente, entre otros.


¿Es lo mismo autoestima y amor propio?


Tener amor propio implica tener una autoestima realista y no distorsionada. Amor propio significa querenos a nosotros mismos, sea cual sea nuestro autoconcepto y aunque algunos aspectos de nuestra persona sean valorados de forma negativa.


Que objetivamente tenga alguna característica que valore de forma negativa, no implica que no pueda quererme aun teniendo esta valoración negativa. Lo importante es saber quiénes somos, ver las cosas que podemos cambiar y cambiarlas y, las cosas que no puedan cambiar aceptarlas, ya que seguramente no sean tan terribles para manipular nuestra vida.


Las comprobaciones


Tener estos pensamientos negativos es muy molesto. Intentaremos continuamente comprobar si son o no verdad. Sin embargo, distorsionaremos las cosas de tal manera que solo nos quedaremos con las pruebas negativas, con aquello que demuestra que somos tan terribles. Y es que un pensamiento distorsionado nos lleva a filtrar las cosas y ver solo lo negativo, a quitarle importancia a lo positivo, a querer adivinar el pensamiento de otras personas o el futuro catastrófico.


Si alguna de nuestras predicciones se cumple en alguna situación "comprobaremos" lo peor y diremos "ves, en realidad tenía razón, no valgo para ello". Por ejemplo, una enfermera que tenga la autoestima baja puede hacer bien su trabajo casi todos los días pero, si un día pone mal una vía, comprobará su pensamiento de "no valgo para ser enfermera", dejando de lado todas las veces en las que sí que ha hecho bien su trabajo.


¿Se puede cambiar la autoestima?


La respuesta es claramente sí. Y es que, como se desgrana de todo lo anterior, la autoestima se aprende. No es algo que venga con nosotros de serie. Se va formando a lo largo de nuestra vida y en base a nuestras experiencias. Vamos creando esos pensamientos sobre nosotros mismos.


Cambiar la autoestima implica por lo tanto trabajar con los pensamientos negativos, comprobar que seguramente no sean ciertos, transformar nuestra forma de pensar. También implica llegar a entender que las opiniones de otros son igualmente subjetivas y no podemos tomarlas como la realidad absoluta de las cosas.


En ocasiones, para cambiar estas creencias combiene buscar ayuda de otros, que puedan hacernos ver las cosas desde otra perspectiva o de forma más objetiva.


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