¿Qué es la asertividad?


La palabra asertividad etimológicamente proviene del latín “assertum” y, aunque podría parecerse a la palabra acierto, se refiere a concepto de aserción o afirmación, es decir, que a comunicarse de manera afirmativa.


Por lo tanto, podemos decir que la asertividad es la capacidad de las personas para expresar sentimientos, anhelos y opiniones y demandar sus derechos de manera adecuada en el momento oportuno, sin sentir malestar y sin provocar daño al receptor.


Para esto, la asertividad se asienta sobre tres pilares fundamentales que son: la firmeza, la sensibilidad y el razonamiento.


La firmeza se refiere a ser capaces de decir con autoridad lo que nosotros necesitamos, la sensibilidad a ser empáticos a la hora de expresarnos con el fin de no dañar al otro y el razonamiento a la necesidad de explicar nuestra decisión de manera entendible.


Beneficios de ser una persona asertiva


Como bien dice el saber popular “Hablando se entiende la gente”. Sin embargo, si todo fuese tan sencillo, no se darían conflictos porque todos sabemos hablar, ¿no? Esto sucede porque ante los conflictos nos comunicamos, pero muchas veces no de una forma óptima.


Existen tres estilos de comunicación: el asertivo, que es el que estamos abordando, el pasivo y el agresivo. Aunque solo el primero es el necesario para una comunicación efectiva, los otros dos están muy presentes en nuestras interacciones sociales.


El pasivo se da en aquellas personas que guardan silencio y se conforman a pesar de no estar de acuerdo y, aunque, es cierto que no entran en conflictos, no suelen estás satisfechos, ya que no demandan sus necesidades ni expresan sus opiniones.


El agresivo, por su parte, caracteriza a aquellas personas que expresan su opinión sin atender a la reacción emocional que puede suscitar en la otra persona. Aunque en este caso los agresivos si piden lo que anhelan, su forma de hacerlo hace que muchas veces no lo consigan y que generen muchos conflictos que deterioren o rompan sus relaciones.


A la luz de esta información, es lógico pensar que la asertividad es el único camino posible para llevar a cabo una comunicación, así que, como es una habilidad, veamos las claves para desarrollarla a través del entrenamiento.


Claves para ser asertivo


Deja de usar "mensajes tú"


Cuando usamos mensajes como “Tú me haces daño” centramos el problema en la otra persona, haciendo que esta se sienta atacada y nunca entendida. Esto, además de hacer que el conflicto no se solucione, provoca que se intensifique llegando una escalada que no va a acabar bien.


Usa "mensajes yo"


Los mensajes yo son aquellos que se centran en nuestros sentimientos y emoción “Que digas esto me hace sentir dolida”.


Al hablar de una experiencia emocional personal, nadie puede invalidarnos, ya que a pesar de ser subjetiva es real para nosotros.


Este tipo de mensajes que se centran en nosotros mismos tienen un segundo beneficio que es que no juzgan, no culpan y siempre buscan una solución consensuada.


Aprende a decir que no


"Decir no", es un derecho que todos deberíamos tener. Se nos ha inculcado que negarnos a las cosas nos hace convertirnos en malas personas que se van a quedar solas.


Expresar que no queremos hacer algo es un símbolo de autocuidado que permite que pongamos límites sanos en nuestras integraciones. Ante esto, puede haber malas reacciones en nuestro entorno, ya que no estamos acostumbrados como sociedad al “no”, pero eso no es una responsabilidad tuya.


"Decir no", no significa no atender a lo que puede sentir la otra persona, por lo que cuando expresamos esto de manera clara y concisa también debemos explicar por qué sin justificarnos y si es posible dar una alternativa. Por ejemplo, gracias por ofrecérmelo, pero hoy no me apetece salir, ya que mañana madrugo si quieres el fin de semana podemos vernos.


Al aprender a decir que no ganamos algo muy útil: tolerar la frustración cuando nos lo dicen a nosotros. Si entendemos que nosotros tenemos derecho a "decir no" sin ser algo malo ni agresivo, interpretaremos mejor cuando lo recibamos.


Habla sobre hechos particulares


Tendemos a sobregeneralizar de tal manera que cuando hablamos en vez de fijarnos en los hechos, sacamos y otorgamos a la otra persona una cualidad permanente. Por ejemplo, si nuestro compañero de piso no friega un día los platos, nos molesta y decimos que es un desordenado, otorgandole esa cualidad pese haber sido solo un dia.


Es importante que nos centremos en los actos al comunicarnos con las otras personas por dos razones: 1) la persona no va a sentir juzgada su identidad y 2) va a entender mejor que es aquello que ha hecho que nos ha molestado para tratar de cambiarlo en futuras ocasiones.


No pidas perdón por expresarte


Expresarnos es una necesidad básica, además de un derecho, por lo que no debes disculparte por ello. Sentir culpa o vergüenza por demandar lo que anhelamos no es útil. Lo más adaptativo es pedir aquello que queremos de manera asertiva y, del mismo modo, aceptar que puedan decirnos que no.


No te justifiques


A pesar de que sí abogamos por explicar nuestras decisiones, es imprescindible no justificarnos. Las personas son muchas y muy diversas, por lo que es lógico que nos encontramos en nuestro camino vital con disidentes y no debemos hacerles entrar en razón sobre porque tomamos ciertas decisiones.


No pierdas la calma


El desacuerdo en ciertos temas puede provocar que las partes pierdan la calma dando respuestas no constructivas. Para mantener este estado de tranquilidad es útil integrar la idea de que es imposible agradar a todo el mundo y que todas las opciones son relevantes y válidas.


Se firmé y persistente


Ante él no o ante otras opiniones diferentes, mucha gente va a tratar de hacerte virar tu determinación. Para esto, es fundamental mantenernos firmes en nuestra decisión sin dejarnos llevar por lo que nos diga el resto.


Lenguaje corporal apropiado


Los estilos comunicativos, pasivos y agresivo también se pueden detectar a través del lenguaje corporal y el tono de voz. Mientras que las personas pasivas suelen hacerse pequeñitas y hablar bajo ante las situaciones de confrontación, aquellas que son agresivas hacen gestos desafiantes y hablan alto.


El lenguaje no verbal en el caso de que queramos ser asertivos debe ser abierto a la escucha, pero con seguridad sobre lo que se está expresando de manera clara, concisa y directa.


Si crees que con estos consejos sigues sin conseguir ser la persona asertiva que te gustaría ser, es útil que acudas a un profesional de la psicología. A través de la terapia puedes entender que es lo te limita la hora de comunicarte (miedo al rechazo, impulsividad, falta de habilidades de comunicación…) y ponerle fin desde la raíz.


Si te animas a buscar ayuda profesional, podemos ayudarte con  psicólogos online  o  psicólogos presenciales en Salamanca.

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