¿Qué es un trastorno somatomorfo?


El trastorno somatomorfo se caracteriza por la aparición de síntomas físicos o corporales, que se acompañan de gran preocupación y malestar psicológico en la persona. Los síntomas físicos pueden deberse o no a una causa real, lo más destacable es la preocupación y los síntomas de ansiedad que estos dolores o malestar físicos provocan a nivel psicológico.


La persona con un trastorno somatomorfo siente de verdad esos síntomas físicos, generalmente no está engañando o intentando llamar la atención, aunque puede que su respuesta a estos malestares sea demasiado intensa.


Aunque se hallan descatado las patologías físicas, la persona normalmente sigue buscando una enfermedad orgánica que explique su malestar. Por ello, invierte gran cantidad de tiempo y de energía en encontrar una explicación a lo que le ocurre.


Síntomas del trastorno somatomorfo


Los síntomas son a nivel físico, pero también psicológico y conductual.


Síntomas físicos


En los trastornos somatomorfos siempre hay queja de algún problema o dolor físico, que puede ser único o en varias zonas corporales.


Pueden ser síntomas físicos de tipo neurológico (dolores de cabeza, cansancio excesivo...), digestivos (dolores estomacales, vómitos, diarrea...), ginecológicos o sexuales (dolores abdominales o en las relaciones), urológicos, respiratorios o de alguna parte del cuerpo específica (dolores de espalda, por ejemplo).


Estos síntomas no pueden ser explicados por alguna causa orgánica o física real o, en el caso de serlo, no justifican el exceso de malestar de la persona.


Síntomas psicológicos


Lo que caracteriza a estos trastornos es el excesivo malestar psicológico que provocan. La preocupación es tal que lleva a la persona a una  sensación de ansiedad  y angustia, que no se va y que le interfiere en su día a día.


El malestar hace que se esté hipervigilante a cualquier síntoma relacionado. En este sentido se puede incluso interpretar un síntoma normal (como un ruido estomacal) como algo catastrófico o que indica una enfermedad.


Síntomas conductuales


El malestar psicológico hace que quien sufre un trastorno somatomorfo esté constantemente intentando buscar una explicación a sus dolores o malestares, a rechazar diagnósticos de carácter psicológico o que le parece insuficiente para justificar lo que le ocurre. Por ello, invierte mucho tiempo en ir de médico en médico o en investigar su problema.


Además, son personas que acaban dependiendo de otros para aliviar su malestar o porque creen que necesitan ayuda o apoyo de otros para superar su problema.


Tipos de trastorno somatomorfo


El trastorno somatomorfo engloba a varios trastornos más específicos que se diferencian en algunas características:


Hipocondría


En la  hipocondría  existe una creencia firme de que se está sufriendo o se está desarrollando una enfermedad grave.


Trastorno facticio


En este tipo de trastorno la persona muestra excesiva preocupación por síntomas físicos, pero habitualmente no existe ningún problema físico o se hace daño a sí mismo para tener esos síntomas y conseguir la atención o la ayuda de otros; es decir, en este caso la persona engaña para obtener algo a cambio de su malestar.


Trastorno dismórfico corporal


Quien padece trastorno dismórfico corporal vive preocupado por alguna característica física que es considerada como un defecto, lo cual provoca gran malestar.


Trastorno de somatización


El trastorno por somatización implica la presencial de múltiples síntomas físicos que habitualmente están presentes durante años. Para diagnosticar este trastorno tiene que haber al menos dolor o síntomas físicos en cuatro partes del cuerpo.


Trastorno conversivo


En este trastorno el problema físico es alguna alteración sensorial o motora, que le sugiere a la persona que tiene un problema neurológico o médico más grave. Para que sea trastorno conversivo no puede haber una enfermedad física como tal, sino que es desencadenado a nivel psicológico.


Trastorno por dolor


El trastorno por dolor implica como síntoma principal el dolor persistente en una o varias partes del cuerpo, sin explicación física y que, además, causa gran interferencia en la vida cotidiana.


Trastorno somatomorfo indiferenciado


Este trastorno se da cuando la persona no encaja en los demás diagnósticos y, todavía, no se sabe a ciencia cierta la causa del problema físico sobre el que la persona se queja.


Causas de un trastorno somatomorfo


No hay una causa única que pueda desarrollar este trastorno, habitualmente es una combinación de varias causas.


En ocasiones el trastorno somatomorfo se desarrolla por una situación de estrés excesivo. Quien lo sufre tiene tanto malestar psicológico, que no es capaz de gestionarlo y acaba transformándose en un problema físico.


También puede estar asociada su aparición a la sugestión o a la falta de conocimiento sobre el cuerpo. Si no conocemos lo que es normal y lo que es anormal, podemos preocuparnos en exceso por cosas que son habituales en el cuerpo humano.


La influencia de nuestros modelos en la infancia puede hacernos desarrollar el trastorno. Es decir, si en nuestra familia alguien está muy preocupado por estos síntomas "nos puede pegar" esta preocupación.


Otra de las causas comunes es la existencia de un beneficio en el caso de padecer estos síntomas. El beneficio puede ser de cuidado de nuestros familiares o a nivel económico, entre otras.


A nivel biológico puede ser más probable que desarrollemos un trastorno somatomorfo si tenemos un perfil de personalidad o de forma de ser más preocupada u obsesiva.


¿Cómo superar el trastorno somatomorfo?


Se sabe que la terapia psicológica y en particular la terapia cognitivo-conductual es de gran utilidad para tratar los trastornos somatomorfos. La causa es psicológica, por lo que se necesita un tratamiento a nivel psicológico.


En este sentido, las técnicas utilizadas en la terapia psicológica dependerán de las causas del trastorno. Si existe una situación de gran estrés, será necesario interferir sobre esta situación o ayudar a la persona a desarrollar la capacidad de hacerle frente.


Algunas de las técnicas más utilizadas son la psicoeducación, la exposición con prevención de respuesta, el aprendizaje de técnicas de relajación o de solución de problemas, entre otras.


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